
La naturaleza de la mujer es cíclica.
Es clave observar la naturaleza, sus ritmos y su funcionamiento, y cómo estamos conectadas a ella. Todo ello, se manifiesta también en nosotras, y esto lo podemos percibir a través de los cambios de humor, disponibilidad de la energía, en nuestra sexualidad, entre otros.
Una herramienta súper eficaz para comenzar este viaje de autoconocimiento, es el diagrama lunar. Ya de por sí, su disposición circular, nos ayuda a romper con lo lineal de los calendarios (que lejos están de lo que propone la naturaleza), y empezar a percibir esta ciclicidad en nosotras.
Conocer cómo experimentamos cada una de nuestras fases del ciclo menstrual-ovulatorio nos va a ayudar a comprender para qué estamos dispuestas en ese momento y así, priorizar nuestras necesidades, escucharnos. Por ejemplo, si estoy menstruando y necesito estar en silencio, tranquila, me siento sensible a ciertos estímulos, cansada, tal vez no sea un momento propicio para ir a una fiesta.
¿Qué podemos registrar?
La fecha a la cual pertenece el diagrama, fase en la que se encuentra la luna, emociones que se transitan, sueños/símbolos o sincronismos, síntomas de salud (flujos, cómo está mi sangre, etc).
Personalmente, me gusta llevar en paralelo, un diario en donde tengo más lugar para explayarme. A veces, no son palabras con lo cual necesito expresarme, y tal vez es simplemente un dibujo, un garabato. Otras veces, me gusta incluir los tránsitos astrológicos más contundentes en mi carta, y que por algún motivo toman cierta relevancia, esencias florales con las que trabajo en ese momento…Y también hay días, en donde las hojas en blanco, hablan por sí solas.
¿Por cuánto tiempo llevar el diagrama?
Se recomienda que cómo mínimo sean unos tres meses. De alguna manera, es un tiempo suficiente para poder comprender ciertos patrones y por decirlo de alguna forma “tomar una muestra”.
Sin embargo, para mi el diagrama se convirtió en una pieza fundamental para mi transformación personal y lo llevo siempre cerquita.



