
Aunque parezca mentira, nos olvidamos de respirar bien.
Si alguna vez se pusieron a observar a un bebé, podrán ver como se infla y desinfla su abdomen sin esfuerzo y de manera natural, eso es lo que llamamos respiración diafragmática o abdominal.
Pero mientras vamos creciendo, como respuesta al estrés, la respiración se vuelve cada vez más superficial y rápida. Esa respiración de la parte superior de los pulmones, es lo que nos hace más vulnerables a la respuesta corporal de lucha y huida del estrés.
Por suerte, podemos reaprender nuestro método de respiración original, para poder regular biológicamente nuestro cuerpo y mente.
Además, es efectiva en la ansiedad y la depresión, ya que aparta la atención del ruido mental, así como de los pensamientos ansiosos sobre el futuro.
¿Cómo saber si estoy haciendo la respiración abdominal?
Una forma fácil de corroborarlo es colocar una mano en el pecho y otra a la altura del ombligo. Si se mueve la mano del pecho (o las dos), eso quiere decir que estás respirando con el pecho. Si se mueve la mano de abajo, estás realizando una respiración más profunda.
¿Qué es lo que sucede cuando hago la respiración abdominal?
El abdomen hinchado se expande hacia delante y hacia atrás, presionando la columna vertebral. Esto provoca que la cavidad abdominal presione el nervio vago, poniendo en marcha el sistema de relajación corporal y regulando el sistema nervioso parasimpático.
Además:
- Disminuye la presión sanguínea y desacelera el pulso
- Purifica la sangre de lactato (el lactato aumenta la sensación de ansiedad).
- Aumenta las ondas alfa cerebrales (de calma y alerta).
- Libera serotonina (sensación de bienestar).
A respirar profundo!




