
La renovación de nuestros úteros que se expresa en nuestro cuerpo mediante el sangrado, simbólicamente, nos lleva a entrar en contacto con nuestro árbol, con nuestras ancestras y sus úteros, de donde venimos.
En la fase menstrual, cuando se despierta en nosotras el arquetipo de la mujer sabia, en donde los velos entre la parte consciente e inconsciente de nuestro ser se levantan, es un momento propicio que nos invita a contactar con toda la información que se nos pueda revelar referido a nuestro linaje femenino. Es allí en donde se encuentra toda su sabiduría, sus heridas, historias, dones y situaciones no logradas, entre otras.
Es un momento para reconocer y agradecer este origen.
Comparto a continuación un breve fragmento de la Dra. Christiane Northrup de su libro Madres e hijas:
“Cada hija lleva consigo a su madre, y a todas las madres que existieron antes que ella.

Por eso los sueños no realizados de nuestras abuelas son parte de nuestra herencia. Para asegurar un futuro sano y feliz (para nosotras mismas y para nuestras hijas) debemos identificar de qué modo la historia de nuestra madre ha influido y sigue influyendo en nuestro estado de salud, creencias y modo de vida.
Si quieres experimentar la dicha y libertad que son posibles para ti, debes viajar a los orígenes de tu conciencia como mujer. Debes estar dispuesta a beber en el lugar de la tierra del que brotó tu sangre vital, tu relación con tu madre y con tu linaje materno.
Sentir y liberar la afición de las vidas insatisfactorias de nuestras antepasadas maternas nos quita de los hombros el peso de nuestro legado materno. Cuando ya no tenemos que llevar ese peso, somos libres para recordar y desarrollar los muchos dones y talentos que también hemos heredado de ellas”
La puerta a la sanación, se encuentra abierta.



